Reportaje: "Cuando leí a Di Benedetto se lo recomendé a todo el mundo"

Ildefonso Falcones y Daphne du Maurier son dos de los descubrimientos recientes de Gloria V. Casañas. Asegura que los libros de Mark Twain que leyó en la infancia la hicieron soñar con escribir novelas.

-¿Qué libro (o libros) está leyendo ahora? ¿Suele leer varios libros a la vez? 

-Antes solía leer un solo libro por vez, pero en el último tiempo, al tener tantos pendientes, me atrevo a sostener varias lecturas. Dos para el día y otra para la noche en la mesa de luz. Ahora mismo estoy con Falcó de Pérez Reverte, Mitos de la luz de Joseph Campbell y Plantas sagradas de Juan Acevedo Peinado. 

-¿Qué autor nuevo o clásico descubrió últimamente? ¿Por qué motivos la atrapó? 

-Tenía postergado a Ildefonso Falcones, por eso leí La catedral del mar. Y conseguí toda la obra de Daphne du Maurier, de la que sólo había leído una novela. De ella puedo decir que me cautivan la prosa delicada y el halo de intriga que la acompaña. 

-¿Podría mencionar un autor argentino de cualquier época que considere injustamente olvidado? 

-Creo que existen modas para los escritores también, y que algunos fueron muy leídos en su tiempo y luego apartados de las editoriales, quizá por la dificultad de catalogarlos o por su prosa compleja para esta época. César Duayen, por ejemplo (pseudónimo masculino con el que publicó Emma de la Barra), o Manuel Gálvez, de poderosa pluma. Cuando leí a Antonio Di Benedetto, sentí la necesidad de recomendárselo a todo el mundo y comprobé al hacerlo que muchos no lo conocían. Para mí, él lleva lo cotidiano a la altura de la filosofía. Otro es Macedonio Fernández, a quien conocí a través de Borges, y que no parecía interesado en publicar sus escritos. 

-¿Y algún autor contemporáneo o clásico en cualquier lengua que le parezca sobreestimado, o que no haya estado a la altura de sus expectativas como lectora? ¿Y por qué? 

-Que no haya estado a la altura de mis expectativas no quiere decir nada sobre su valor literario. Por ejemplo, me encanta escuchar a Mario Vargas Llosa cuando habla, y es un gran escritor, pero no disfruto del mismo modo sus libros, y no sé por qué.

-¿Lee en dispositivos electrónicos? ¿Lo recomienda? ¿Lo reprueba? 

-Todavía no me acostumbro a leer en digital; sin embargo, me parece una forma más de leer que no sustituye al papel, más bien se suma. Creo que hay lecturas que admiten mejor que otras la versión electrónica. 

-¿Visita librerías de viejo, ferias, librerías de saldos? ¿Podría mencionar alguna favorita? 

-Las visito siempre, me encanta revolver entre los cajones de libros que huelen a humedad

 

y descubrir tesoros que se venden por monedas. Muchos de mis libros más queridos provienen de las mesas de saldos, son hallazgos repentinos. El parque Rivadavia y la Avenida Corrientes son mis lugares favoritos de búsqueda. En ocasiones recurro a los anticuarios también. 

-¿Es lectora de literatura de géneros aparte del de la novela romántica? ¿Alguno en el que nunca se internó? 

-Después de la novela romántica, que es mi género favorito, leo cuentos y también policiales. Me gustan los ensayos de historia y de filosofía, pero jamás de política o economía. 

-¿Recuerda uno o más libros consagrados que se le resistiera y no haya podido terminar de leer?

-Con culpa admito que no terminé de leer Moby Dick, a pesar de que el tema me gustaba y amo las aventuras en el mar. 

-¿Lee poesía? ¿Podría mencionar sus poetas favoritos? ¿Han ido cambiando con los años? 

-Yo empecé escribiendo poesía y desde muy pequeña. Esos versitos que rimaban fueron mis primeros pasos literarios. Admiro a los poetas, el lenguaje lírico me conmueve. Para mí Borges es ante todo un poeta, y encuentro ese tono en toda su obra. Me gusta mucho la poesía de Amado Nervo. 

-¿Qué otro escritor/a de cualquier época le hubiera gustado ser, ya sea por su obra o por su vida? 

-Jack London, era el típico aventurero que sabía narrar con pasión sus propias vivencias, combinadas con febril imaginación. 

-¿Lee biografías de escritores? ¿Qué busca y qué encuentra en ellas? ¿Alguna especialmente memorable? 

-Las biografías enseñan a conocer no sólo a la persona sino también su época, se comprenden cabalmente las razones del actuar y el pensamiento. Y esto vale para cualquier personaje. A mis alumnos de la Universidad les recomiendo siempre leer biografías de los hombres y mujeres de nuestra historia. También me gustan las autobiografías. Estuve hasta hace poco con la de Victoria Ocampo.

-¿Regala libros, presta libros, devuelve los que le prestan? 

-Es raro que preste un libro, y si lo hago, es a personas que lo tratarán bien y me lo devolverán. Aún así, acostumbro a anotar el préstamo para no olvidarlo yo misma. Tampoco los pido prestados, y si acepto el ofrecimiento es por no desairar. Los libros que no son míos me queman en las manos, quiero devolverlos. Prefiero comprármelos después. 

-¿Ha vuelto a leer de adulta alguno de esos libros que a todos nos fascinaron en la infancia? ¿Cuál fue y qué impresión le causó? 

-Me encanta la relectura. He vuelto a leer a Dickens, a Mark Twain, a Louisa May Alcott, a Fenimore Cooper. En todos los casos, siento una gran nostalgia por el asombro que esos libros me produjeron la primera vez, un sentimiento que no se recupera. Lo que sí se repite es el gozo. 

-Por último, si es imposible ser escritor sin ser primero lector, ¿qué libro siente que la convirtió a usted en escritora? 

-Sin dudarlo, Las aventuras de Tom Sawyer. De pequeña solía copiar a Mark Twain, creaba personajes parecidos a los suyos y los hacía vivir similares aventuras. ƒl me hizo soñar con escribir novelas.

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